Mi historia

Un largo camino

La adversidad está presente en la vida de todos en una mayor o menor medida manifestándose de forma distinta. En mi caso, pronto supe lo que era el tener que enfrentarse a situaciones difíciles como lo fue afrontar la pérdida de mi padre con 12 años.

Esa fue una de las primeras lecciones que la vida me enseñó: da igual lo normal que todo transcurra. En cualquier momento pueden ocurrirnos tragedias inesperadas. Situaciones que escapan a nuestro control. Que sencillamente pasan. Situaciones que nos ponen fuera de nuestra zona de confort y nos hacen adoptar una postura: podemos sucumbir a la situación, sobrevivir o prevalecer ante ella.

Resiliencia no es sólo resistir sino adaptarse y reforzarse

Este no es el único episodio en el que he tenido que reflexionar y tomar consciencia de cuál era mi percepción de lo que me pasaba y cómo yo estaba reaccionando ante ello.

Mi sueño desde la infancia de ser piloto comercial se rompió el día que decidí sucumbir a la presión familiar y estudiar una carrera universitaria para “asegurar mi futuro”. Acabé entrando en ingeniería civil y se convirtió en una auténtica tortura. Sentía una falta de conexión total con los valores de la carrera y encima era una de las carreras más difíciles del momento. Daba igual lo mucho que estudiase. Sencillamente había asignaturas que no podía aprobar. 

Tenía 2 opciones: O dejarlo y dedicarme a otra cosa o aprender a adaptarme para conseguir mi objetivo. Opté por la segunda. No me rendí. Aprendí a ser resiliente y a desarrollar estrategias mentales para ser disciplinado, adaptarme a la frustración de los malos resultados y finalmente, aprobar. 

Sin embargo, gracias a aquello descubrí la herramienta que cambió mi vida: La Programación Neurolingüística. Con la PNL aprendí a relajarme, a superar los exámenes y empecé a ser consciente de mi propio comportamiento y la forma en la que me limitaba.

La herramienta que más me había ayudado me llevó al tercer gran desafío de mi vida poniéndome al límite.

Alterné mis años de consultor con el estudio de la PNL hasta que decidí dedicarme completamente a ello profesionalmente.

Había encontrado mi pasión. Viajes por todo el mundo, conferencias, seminarios y formaciones que me llevaron a sufrir jet lag, acumulación de trabajo y cansancio. “Con todo lo que sé sobre la mente seguro que puedo llevarlo bien”, me dije. Por supuesto, me equivoqué.

Sin embargo, gracias a aquello descubrí la herramienta que cambió mi vida: La Programación Neurolingüística. Con la PNL aprendí a relajarme, a superar los exámenes y empecé a ser consciente de mi propio comportamiento y la forma en la que me limitaba.

La herramienta que más me había ayudado me llevó al tercer gran desafío de mi vida poniéndome al límite.

Alterné mis años de consultor con el estudio de la PNL hasta que decidí dedicarme completamente a ello profesionalmente.

Había encontrado mi pasión. Viajes por todo el mundo, conferencias, seminarios y formaciones que me llevaron a sufrir jet lag, acumulación de trabajo y cansancio. “Con todo lo que sé sobre la mente seguro que puedo llevarlo bien”, me dije. Por supuesto, me equivoqué.

En 2014, y después de un conjunto de situaciones personales y profesionales muy difíciles, me rompí. Llegué a mi límite fisiológico y enfermé. Pasé 2 años de médico en médico intentando encontrar una explicación a lo que me pasaba. A pesar de la falta de resultados, no me rendí y empecé a investigar por mi mismo.

En 2018 finalicé mi recuperación y volví a la carga con una versión mejorada de mí mismo. De todo ello he aprendido y entendido que no sólo se trata de dominar la mente y el corazón, sino de entender los ritmos y señales del cuerpo.

Con este tercer pilar he terminado de completar el Modelo Triaxial de transformación del individuo donde cognición, emoción y fisiología son los motores del cambio.

En 2014, y después de un conjunto de situaciones personales y profesionales muy difíciles, me rompí. Llegué a mi límite fisiológico y enfermé. Pasé 2 años de médico en médico intentando encontrar una explicación a lo que me pasaba. A pesar de la falta de resultados, no me rendí y empecé a investigar por mi mismo.

En 2018 finalicé mi recuperación y volví a la carga con una versión mejorada de mí mismo. De todo ello he aprendido y entendido que no sólo se trata de dominar la mente y el corazón, sino de entender los ritmos y señales del cuerpo.

Con este tercer pilar he terminado de completar el Modelo Triaxial de transformación del individuo donde cognición, emoción y fisiología son los motores del cambio.

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